Pedro Alonso, Inspector -ya jubilado- de Educación en Conservatorios
ha dedicado estas preciosas líneas sobre el gran Órgano de Marbella:


En Marbella aprendí
que el tiempo no siempre corre,
a veces se queda
apoyado en la piedra,
respirando despacio
en la penumbra fresca del templo.

Allí, en el corazón antiguo,
donde la ciudad guarda su pulso más hondo,
se alza la casa del silencio,
y dentro de ella
el órgano espera
como esperan las cosas
que saben que pertenecen.

No escribo su historia,
la escucho.

Al mediodía, cuando el sol cae vertical
sobre las plazas blancas
y el bullicio se recoge un instante,
una voz se levanta
desde lo alto,
no para imponerse,
sino para abrazar.

Es un susurro inmenso
que me encuentra
aunque yo no lo busque;
una vibración que atraviesa el aire
y me recuerda
que también yo he ido echando raíces aquí,
nota a nota,
día a día.

Sus tubos -estaño y madera-
guardan más que sonido,
guardan paciencia,
manos anónimas,
esperas largas,
sueños que no se rindieron.
Como la ciudad misma,
que ha sabido sostenerme
sin hacer ruido.

Los domingos,
cuando la tarde se vuelve dorada
sobre el casco antiguo,
el órgano se expande
y algo en mí se aquieta.
Las fugas y los ecos
no describen el lugar,
lo consagran.
Lo convierten en hogar
una vez más.

A veces barroco,
a veces nuevo,
siempre profundo,
como esa gratitud que no necesita palabras
pero insiste en latir.

Órgano del Sol Mayor,
no eres solo música,
eres el modo en que esta ciudad
me ha dicho
“quédate”.
Eres el puente invisible
entre la piedra y mi pecho,
entre la luz de la plaza
y mi sombra agradecida.

Y cuando suenas,
sé que no estoy de paso,
soy parte del eco
que no cesa
en el corazón de Marbella.

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