Michael Reckling recuerda aquella inolvidable mañana de un lunes de 1973 en la Iglesia de Marbella:
Un día, me llamó Maite Soto Domecq para decirme que la baronesa Terry von Pantz quería ver y oír la primera parte del órgano. Al día siguiente subieron las dos al coro de la iglesia y les presenté al organero Gabriel Blancafort y a continuación toqué unos breves acordes, pero con la mayor cantidad de tubos que entonces tenía el órgano.
El resultado fue una Baronesa emocionada, preguntándome en seguida: ¿cuánto necesitas para continuar con los trabajos?.
Esta inesperada y muy directa pregunta no la esperaba, pero me dirigí al organero repitiéndosela y también él quedó perplejo;
dudó un rato hasta que me dijo "pues creo que con un millón de pesetas podríamos avanzar bastante".
Me acerqué a la Baronesa y le dije en inglés: "well, one million would be very helpfull to continue"
... me miró algo sorprendida y me respondió con una ligera sonrisa, y, de una manera también muy directa, me dijo:
"ok Michael, entonces que sean dos millones y me haces saber cuándo necesitáis más dinero".
En ese momento, abrió su bolso, sacó un talonario y, sobre el banco del órgano, comenzó a rellenar un cheque por dos millones de pesetas,
preguntándome por el nombre del párroco, el que entonces era Francisco Echamendi. A partir de este momento, y durante un par de años más,
la muy generosa Baronesa Terry von Pantz financiaba gran parte de la segunda etapa de nuestro órgano,
incluidas las trompetas horizontales conocidas como las "trompetas de batalla".
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